¡Él no sabía nada de Vedanta, nada de teorías! Él se contentó con vivir esa vida sublime que fue la suya y dejó para los otros  la tarea de explicarla.” Swami Vivekananda de su Maestro

Como los ladrones no pueden entrar en una casa donde hay gente despierta, del mismo modo, si tú estás siempre en guardia, ningún mal pensamiento podrá entrar en tu mente y despojarla de su bondad.

Sri Ramakrishna y la certeza del poder amoroso 

Sri Ramakrishna y la certeza del poder amoroso de Kali

            Sri Ramakrishna nace en 1836  y muere en 1886. Si hubiera que destacar dos cosas de su vida, una sería su intento de mostrar la unidad y la armonía de todas las religiones, otra la riqueza y profundidad de sus experiencias místicas. Ramakrishna no puede decirse que sea un filósofo, en el sentido occidental moderno, pues no había estudiado ni filosofía ni ninguna otra carrera, ni sus intereses intelectuales destacaron especialmente; y sin embargo, para algunos encarna la imagen del sabio, del místico en sus máximas alturas, la del devoto, pero también la del conocedor directo de la Realidad última. Desde muy joven, de naturaleza hipersensible, tiene experiencias místicas y despierta en él un intenso deseo de ver a la Madre divina.

Esto de la Madre divina hay que explicarlo un poco. Así como en Occidente la religiosidad se ha centrado muy especialmente en Dios-Padre y en su Hijo, el Cristo (o en Jehová, Moisés y los profetas, o en Alá y Muhammad), de manera claramente androcéntrica –es decir que el hombre/varón ha estado siempre en el centro de la atención y de la valoración-, aunque siempre haya existido una faceta menos divulgada, más esotérica, si se quiere, en la que la Madre de Dios, la Virgen, o la Shekinah en el judaísmo o Fátima, la hija del profeta en el islam, han jugado un papel importante, en la India, en el hinduismo, especialmente en esa corriente que es el tantrismo y el shaktismo, lo que podríamos llamar el principio femenino ha desempeñado un papel destacado.

Pues bien, Ramakrishna pronto participa de ese anhelo tántrico de contemplar a la Madre divina, especialmente bajo la imagen de Kâlî, la cual se representa a veces con imágenes un tanto inquietantes. Por ejemplo, una de las imágenes simbólicas más célebres es la de la diosa con cuatro brazos, los dos derechos se hallan en actitud protectora y benefactora, pero los dos de la izquierda ilustran a la guerrera que una mano porta la espada letal ensangrentada, impregnada con la sangre de la cabeza que acaba de cortar y que agarra por los cabellos con la otra mano. La interpretación más habitual, más exotérica, consiste en ver en ello el combate contra las fuerzas oscuras (los asuras, los pisachas, etc.) que se oponen al plan divino y cuyo enfrentamiento lo encontramos en la mayor parte de los mitos hindúes, tanto los que se narran en los Vedas como los que aparecen en los Purânas. Ahora bien, una interpretación más sutil, más esotérica, consiste en comprender que el principal enemigo de nuestro despertar espiritual es esa parte de nosotros mismos que impide la realización de nuestra verdadera identidad. La cabeza puede simbolizar la mente y el ego, aquello con lo que nos identificamos, pero que en realidad no es sino una especie de máscara que llevamos para nuestras relaciones sociales, pero que si terminamos identificándonos con ella nos mantiene alejados de nuestro verdadero Ser.

Fíjate que ya a los 17 años, Ramakrishna marcha a Calcuta con su hermano mayor para gestionar un templo que una señora bastante adinerada ha levantado allí. Su padre había muerto cuando él tenía 7 años. Su hermano mayor muere cuando él tiene 20 años. A partir de entonces, él se hará cargo del templo (no te imagines una iglesia católica ni un sacerdote del estilo de los que puedas conocer, pues las costumbres y maneras son muy distintas). Pero su deseo ardiente de ver a Kâlî no hacía sino crecer, hasta el punto de rozar la desesperación. Tanto es así que un día, enloquecido por la ausencia de su soñada Amada, ve en el templo una espada y decide acabar con su vida. Justo en ese momento, se le aparece Kâlî ordenándole detenerse, e inmediatamente entra en un éxtasis (samâdhi) en el que siente que oleadas de gozo le inundan de manera casi incontenible.

Tiene 20 años cuando le adviene tal visión. A partir de entonces se alternarán los períodos de comunión  amorosa con la Madre divina, Kâlî, con los períodos de dolorosa ausencia. No voy a contarte su vida, sino tan sólo informarte de hasta qué punto se fueron sucediendo diversas experiencias, según las distintas sub-tradiciones hindúes e incluso otras importantes relacionadas con el cristianismo y con el islam: visiones de Jesús, visiones de Muhammad, con un aire de realidad innegable, con un carácter de certeza incuestionable, que le llevaron a defender la unidad trascendental (como más tarde dirá F. Schuon) de todas las religiones, su compatibilidad y su armonía. Algo inaudito en la mayoría de las religiones, acostumbradas a defender a capa y espada que su religión es la única verdadera o la más completa y conveniente. Faltaba bastante tiempo para que el pluralismo religioso empezara a cuajar, algo que hoy está en la agenda de la mayoría de las personas preocupadas por cuestiones religiosas.

Deja que me limite a dos episodios existenciales, y filosóficamente significativos, que destacan en la vida de Ramakrishna. Uno de ellos tiene que ver con su formación tántrica a través de una monja que pasó por el templo, vió sus posibilidades y decidió iniciarle en los secretos del tantra. La monja Bhairavi le enseñó una dura disciplina tántrica. El Tantra o Tantrismo es una corriente del hinduismo (y también del buddhismo, como luego sucederá en el buddhismo tibetano sobre todo) distinta de la corriente central védica y brahmánica, con textos independientes, durante bastante tiempo no aceptados por ésta última, rechazados por considerarlos escandalosos y por atentar contra las buenas costumbres, contra la moral tradicional. Así, lo que se considera malo y prohibido en la sociedad védica tradicional, es considerado como un medio de realización para el tantrismo. Incluso uno de sus lemas es que aquellas actividades que suelen hacer caer a la mayoría de la gente, pueden ser  utilizadas para elevarse por los tántricos. Si estás pensando en la sexualidad, en esta ocasión aciertas. Efectivamente, la sexualidad desempeña un papel muy importante en el tantra. Hay escuelas que interpretan los textos que hablan de los rituales sexuales de manera simbólica, otras los toman al pie de la letra y consideran que ciertas prácticas sexuales, espiritualmente orientadas, son necesarias para el desarrollo espiritual. Quizás te estés acordando de Freud y la importancia que concedió a la sexualidad. Pues bien, esto lo comparten, aunque el sentido y la finalidad del enfoque tántrico es muy distinta. No se trata ya de evitar las neurosis, la angustia, las patologías que puedan derivarse de una incorrecta utilización de la energía sexual (un seguidor de Freud, W. Reich, escribió un libro titulado La función del orgasmo, de enorme influencia en los años 60 y 70), sino de utilizar esa poderosa energía para despertar ciertas facultades y alcanzar ciertos estados de conciencia elevados, de tal modo que la unión sexual no sea un acto meramente físico, sino que sirva de trampolín para disfrutar de una unión emocional, mental, anímica y espiritual, en definitiva, para experimentar la unión mística. Simbólicamente, en el ritual tántrico, la mujer es considerada como una encarnación de la Diosa (Devi, Shakti), y el hombre/varón como una encarnación del Dios supremo (generalmente Shiva, pues el tantrismo o shaktismo se relaciona especialmente con el shivaismo). Shiva es la Conciencia pura, Shakti es la Energía, el Poder creativo. El uno sin el otro no son nada. En realidad no son dos, sino uno, una bi-unidad Shiva-Shakti, la Realidad no-dual expresada en dos polos, masculino/femenino, para el desarrollo en el mundo dual.

El tantrismo o shaktismo podría decirse que es el culto a la Shakti, la Madre Divina, el Principio femenino, el Poder creador. Es la corriente más esotérica del hinduismo y la mayoría de sus rituales han permanecido secretos durante mucho tiempo. Aquí no vamos a detenernos en ello, aunque quizás despierte tu curiosidad (o más que eso tu verdadero interés) este intento de vivir una “sexualidad sagrada”. Lo cierto es que eso ha sucedido en las últimas décadas, quizás ya medio siglo, cuando a partir de la revolución sexual de los años 60, muchos buscan una manera de integrar la sexualidad con la nueva espiritualidad oriental que están descubriendo y se sienten insatisfechos tanto con la represión sexual como con la sexualidad normal excesivamente genitalizada en la que el placer es el único objetivo. Cabe decir que el tantra es el intento de producir una transmutación alquímica que transforma el placer sexual en éxtasis espiritual. ¿Cómo?

Tan sólo insinuaremos aquí que el tantra es la corriente que más desarrolló lo que podemos llamar la fisiología sutil, describiendo un sistema de centros sutiles (chakras) que existen en el cuerpo etérico del ser humano y que desempeñan la función de órganos captadores, transformadores y transmisores de energía. La tradición tántrica habla de siete chakras (aunque en ocasiones se mencionan algunos otros, menos frecuentemente considerados) que curiosamente corresponden con bastante precisión a las siete principales glándulas endocrinas conocidas por la moderna endocrinología. Por su situación anatómica aproximada, los términos sánscritos (muladhara, svadhistana, manipura, anahata, visudha, ajña, sahasrahra) se describen como: centro de la base de la columna, del bazo, del plexo solar, del corazón, de la garganta, del entrecejo y de la coronilla. Si tienes ganas de profundizar en la correlación con las glándulas endocrinas, puedes buscar la situación y la función de las siguientes glándulas de secreción interna (eso significa endocrinas): páncreas, gónadas, suprarrenales, timo, tiroides, epífisis, hipófisis, todas ellas bien conocidas hoy en medicina. A veces se distingue entre los chakras infra-diafragmáticos (los tres primeros, empezando por debajo) y los supra-diafragmáticos (que se hallan por encima del diafragma). El chakra del corazón (anahata) desempeña un papel especial, no sólo por ser la sede del amor, la compasión y la armonía, sino porque hace de mediador entre los tres inferiores y los tres superiores.

El sistema de chakras puede leerse como un viaje evolutivo, un ascenso desde los niveles inferiores de la conciencia hasta los niveles superiores. En el chakra básico (muladhara, en la base de la columna vertebral) se dice que hay un potencial divino, una fuerza sagrada, simbolizada como una diosa, devi kundalini, representada muchas veces en forma de serpiente enroscada que duerme (la serpiente es un símbolo importante en muchas tradiciones, incluída la bíblica, en la que recordarás que Adán y Eva son expulsados del Paraíso por caer en la tentación que les presenta una serpiente). Duerme mientras el desarrollo de la conciencia, el desarrollo espiritual no es suficiente para que abra los ojos y ascienda (esa energía poderosa, shakti) a través de los distintos chakras, despertando distintos poderes psíquicos (siddhis) que muchos yoguis tienen y de los que dan muestras en ocasiones -más allá del espectáculo que de ello hacen algunos fakires y comerciantes de lo psíquico y enigmático- siempre que parece espiritualmente conveniente, pues para ellos se ha convertido en algo natural. No son “milagros”, sino el empleo de facultades que todos tenemos, pero se hallan dormitando.

Pues bien, podría decirse que la mayoría de la humanidad sólo ha despertado y tiene funcionando los tres chakras inferiores. A lo largo de la evolución habrá que ir activando el resto. Es lo que habrían hecho algunas personas (yoguis, místicos, sabios, santos) como avanzadilla de la humanidad, mostrando al resto de lo que es capaz el ser humano. Figuras como el Cristo o el Buddha serían los modelos de un desarrollo completo del ser humano, de un Despertar de todos los chakras, de una Iluminación de todo nuestro ser. Pues bien, el caso es que el tantra-yoga, el kundalini-yoga, tendría como objetivo el despertar de ese poder ígneo (es como fuego, como electricidad de un orden superior), devi-kundalini, para que ascienda por todos los chakras, active las funciones superiores del ser humano (el amor transpersonal, la conciencia transpersonal, la voluntad transpersonal) y logre la unión (yoga) de la conciencia individual (jivâtman, purusha) con la Conciencia cósmica (Brahman) o el Espíritu absoluto (Purushottama).

El descubrimiento de esa Identidad suprema (atman-brahman), el logro de esa Unidad primordial (Shiva-Shakti) sería la verdadera Realización, humana y espiritual, la verdadera Iluminación, el verdadero Despertar a nuestra Naturaleza primigenia, a ese Rostro anterior a nuestro nacimiento (por parafrasear el koan Zen).

Eso sería lo que Ramakrishna había logrado, instalarse en esa Conciencia última, hasta el punto de identificarse tan plenamente con ella que es reconocido por quienes lo conocieron en vida y ahora ya por prácticamente toda la tradición hindú, como un avatar, una manifestación plena de lo Divino.

Lograda la visión de la Madre Divina con el rostro de Kâlî y la unión con ella, ejercitado en las práticas tántricas por la monja Bhairavi, habiendo recorrido el camino del bhakta, el devoto, el amante espiritual, y del tantrika, el camino esotérico del ritual oculto, a Ramakrishna le faltaba realizar el Absoluto en su forma más pura, o más bien, más allá de toda forma. La Madre divina, la Kâlî feroz, es un rostro sublime del Absoluto, es una realidad sutil viva y concreta –como lo fue para Ramakrishna, pero también para otros muchos-, pero no deja de ser una forma, un velo, más allá del cual cabe experimentar lo Real en su plena desnudez. La Vida (sabiamente guiada para conducir los pasos de Ramakrishna, como de cada uno de los mortales y hasta de los inmortales) puso en el camino de Ramakrishna a Tota Puri, un renunciante perteneciente a la corriente del vedanta advaita, ese no-dualismo radical que vimos había defendido Shankarahcarya. Tota Puri le enseñó a meditar en el Ser puro, en la Vacuidad, en la Plenitud más allá de toda forma. Pero esto no le era fácil a la naturaleza sensible, impresionable y de activa imaginación de Ramakrishna. Le costaba dejar de pensar y de ver la forma de Kâlî. A punto de desistir, en una ocasión en que intentaba ese éxtasis supremo, el samâdhi más allá de toda forma, Tota Puri, en un intento desesperado porque su avanzado discípulo alcanzase las cimas más altas de la experiencia espiritual, se avalanzó a tierra, tomó un trozo de vidrio puntiagudo que vió en el suelo y clavándolo en el entrecejo de Ramakrihsna le gritó: “¡Concéntrate en este punto y olvida a la Madre divina!”.

Te parecerá brutal. Y lo es. Quizás salvaje. Y lo es. Pero, en ese momento, algo estalló en el interior de Ramakrishna y de pronto entró en un éxtasis indescriptible que le permitió disfrutar de la experiencia del Ser puro (en realidad Algo más allá de todo “experiencia”), del Brahman sin atributos, sin rasgos, sin características, la meta suprema del hinduismo advaita.

Ramakrishna gozaría de éxtasis con mucha frecuencia, hasta el punto de perder la conciencia durante largos períodos de tiempo, horas, y en ocasiones hasta días. Algún discípulo tenía que alimentarle introduciendo granos de arroz en su boca. Su ser individual estaba absorto en lo Supremo, el Yoga definitivo había tenido lugar. Por ello, de manera natural, como las moscas acuden a la miel, comenzaron a acercarse hasta él muchas personas que se convirtieron en discípulos suyos. Ramakrishna explicaba mediante imágenes vivas, metáforas y parábolas. Recuerda que habíamos dicho que no era un intelectual, ni siquiera una persona muy culta. No era un filósofo. Y sin embargo, para muchos, primero cientos, luego miles, finalmente millones de personas, se convirtió en el modelo del místico y del sabio, del Realizado que ha logrado el Yoga total, la Identidad última. Por eso se le conoce como Ramakrishna Paramahansa, en referencia al símbolo del cisne blanco que vuela libre por los aires, habiéndose liberado de toda atadura terrestre. Para muchos, se trataba incluso de un avatar, con todo lo que ya sabes que eso implica en la tradición hindú.

Fíjate que su nombre, no el nombre de pila, sino aquél por el que fue conocido más tarde, consta del nombre de los dos últimos grandes avatars del hinduismo clásico: Râmâ y Krishna. Cuando a punto de expirar, el último día de su vida, llamó a los discípulos para despedirse de ellos, había uno a quien le había tomado especial cariño y en quien tenía puestas especiales esperanzas para la difusión de su mensaje, Vivekananda, quien todavía dudaba de que fuera un avatar, hasta el punto de que, pese a toda la confianza y admiración que sentía ante su desconcertante maestro, ni siquiera en el lecho de muerte de éste podía dejar de pensar: “Se irá sin que yo pueda estar seguro de si realmente es un avatar”. Cuando se descubrió pensando esto en secreto, vió que su Maestro sonreía, abría los ojos y le decía: “Querido Narendra –así se llamaba Vivekananda-, aquel que vino como Râmâ, aquél que vino como Krishna, está ahora ante ti como Ramakrishna”.

Quizás Vivekananda no tenía certeza de ello hasta ese momento, pero Ramakrishna, el primero de nuestros maestros de la certeza, no lo dudaba. En su caso, sus visiones, sus enseñanzas, para él no eran especulaciones filosóficas, ni interpretaciones corroídas por la duda y la sospecha, sino certezas incuestionables, de un orden y un significado que ya Descartes habría deseado para sí.

Tras la muerte del maestro, Vivekananda se haría célebre, sobre todo desde su inesperado y vibrante discurso en el Primer Parlamento Mundial de las Religiones, celebrado en Chicago en 1893, transmitiendo las enseñanzas de su maestro centradas en la realidad y la importancia del reconocimiento de la validez y la armonía de todas las religiones. A partir de entonces, la Orden Ramakrishna y la Misión Ramakrishna crecieron hasta el punto de convertirse, junto con la Sociedad Teosófica, en la organización que más influyó a principios del siglo XX en la introducción del hinduismo en Occidente. En realidad, Vivekananda, un hombre de acción, de naturaleza robusta y luchadora, que complementaba muy bien la tendencia mística de Ramakrishna, “modernizó” y “occidentalizó” notablemente el mensaje de su maestro, de pensamiento y comportamiento más tradicional, y se convirtió en uno de los representantes más influyentes de lo que se ha venido llamando el neohinduismo. Lo veremos al abordar la obra de otro de los máximos exponente del neohinduismo, quizás el más creativo de ellos, Sri Aurobindo.

 

El mensaje de Sri Ramakrishna es de una sorprendente actualidad y se basa en el respeto por las creencias ajenas, proclamando que todos los caminos conducen a Dios y que el propósito de la vida humana no es otro que el de realizar la Verdad Última.

Enseñanzas:

El progreso del hombre

Los rituales deben seguirse. Pero, cuando uno crece en espiritualidad, su observancia no es necesaria. Entonces, la mente se concentra en Dios y logra la comunión con Él.
Una madre prepara la comida para sus hijos de acuerdo con el gusto de cada uno. Si tiene cinco hijos y ha conseguido un solo pescado en el mercado, prepara con él distintos platos. A un hijo le da pescado frito, a otro pescado hervido, a un tercero sopa de pescado y así por el estilo. (ëste es el caso de los varios símbolos y disciplinas prescritos para los aspirantes espirituales).
La compañía de los santos y los sabios es uno de los principales elementos del progreso espiritual.
A sabiendas o no, consciente o inconscientemente, cualquiera sea el estado mental en que el hombre pronuncie el “nombre” de Dios, adquiere por ello mérito. Ya sea que un hombre vaya voluntariamente a bañarse a un río, o que alguien por la fuerza lo tire al agua o que le echen agua encima mientras esté durmiendo, en todos estos casos se recibe el beneficio del baño.
Cuanto más oculta una persona sus prácticas devocionales a los demás tanto mejor para ella.
Los árboles cargados de frutos se inclinan hacia el suelo. Si quieres ser grande, sé apacible y humilde….”

 

Aquel que, en el momento de la contemplación, está totalmente inconsciente de todo lo exterior, ha adquirido la perfección de la contemplación. Sri Ramakrishna

Fuentes

LA PASIÓN FILOSÓFICA Vicente Merlo

http://www.oshogulaab.com/RAMAKRISHNA/TEXTOS/RAMAKRISHNA-ensenanzas1.html

Acerca de pazvictoria

Escritora e Investigadora en El área de Crecimiento , Desarrollo Humano y Espiritual con enfoque multidimensional. Spiritual Life Coach

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